El paro de camioneros, iniciado el lunes de la semana anterior y que al parecer entró en su fase final este domingo pasado, causó graves problemas a la economía brasileña. Los siete días de paro comenzaron con el brutal aumento del combustible, el cual fue puesto en marcha por la nueva “gestión empresarial” de Petrobras que, desde el año pasado, aumentó más del 50% el precio del diésel.

Con el paro, de amplio apoyo de empresario transportistas y transportistas autónomos, y a modo de ejemplo, el precio de la bolsa de papas de 20 kilogramos saltó de 70 reales (19 dólares) a 300 (80 dólares) en Río de Janeiro. En tanto, en el estado de Minas Gerais, más de 16 millones de litros de leche fueron desechados por día por la falta de transporte.

También, el perjuicio se extendió a la exportación de cereales, a la crianza de ganado, el abastecimiento de los grandes supermercados, la educación, la provisión de combustibles en aeropuertos y en el transporte público de pasajeros, entre otras tantas actividades, que llevaron al Presidente brasileño, Michel Temer, a tomar la decisión de movilizar a las Fuerzas Armadas para romper los bloqueos en las rutas.

Petrobras –la empresa petrolera estatal-, también se vio perjudicada en la Bolsa de Valores por cuanto las acciones que allí cotizan, bajaron casi un 14 por ciento en un solo día. Con ese panorama, y luego de largas negociaciones, el poder ejecutivo anunció una reducción del precio del diésel del orden de 46 centavos por litro, un ajuste que será congelado por 60 días.

Esta primera decisión gubernamental se completó con otras cuatro medidas solicitadas por los camioneros, la suspensión del cobro de peajes a los ejes de los camiones vacíos en las rutas federales, estatales y municipales, y una tarifa mínima y obligatoria en los precios de los fletes.

Los medios brasileños informaron el acuerdo se logró el pasado sábado en San Pablo –sede de las principales protestas-, y que el domingo por la mañana –antes del anuncio oficial, realizado por el propio Presidente y en cadena televisiva nacional-, el combustible empezó a llegar a las estaciones de servicio en algunas de las principales ciudades del país.

También, se estima que el costo de los beneficios otorgados a los camioneros que protestaban -en su mayoría autónomos o empresarios de diverso porte-, será de unos 3.000 millones de dólares en renuncias fiscales.

Más de 500 puntos neuralgicos de las carreteras brasileñas estaban bloqueados o bien, ocupados por camioneros en paro que, mientras procedían a la desconcentración, quedaron a la espera de la reunión convocada por el Senado para este lunes, con la finalidad de tratar rebajas impositivas en los fletes.

Paro brasileño de transportistas

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