Se veía venir y se vino nomás, una ¿huelga?, ¿un paro?, ¿una marcha?, o en realidad un poco de todo eso. Como siempre, el epicentro es la Capital Federal, sede del gobierno y altavoz de gran parte de lo bueno y de lo malo que sucede en nuestro país. El día amaneció con un bloqueo de camiones autoconvocados que, por espacio de unas horas, colapsó el tránsito en el centro porteño. A media mañana, una reunión de los transportistas con el Ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, solucionó el problema transitoriamente. Aunque hasta primera hora de la tarde no se conocían los resultados de tal encuentro, los trasportistas elevaron su reclamo por el costo de los combustibles y los peajes.

Horas más tarde del reclamo de los autoconvocados, a la vera de la Autopista Ezeiza-Cañuelas, Hugo Moyano –líder de la Federación de Camioneros-, se diferenció de los autoconvocados planteando el conflicto sobre las paritarias y las exigencias del gremio en lo que respecta al aumento salarial y su negativa a la modificación del Convenio Colectivo de Trabajo. En tal sentido, el sindicato solicitó un 27% de aumento, en tanto los transportistas ofrecieron un incremento del 15% en tres cuotas y las referidas modificaciones al Convenio. Según lo anunciado por Moyano desde el escenario, el próximo martes habrá una nueva reunión paritaria que, de no ofrecer cambios, provocará un inmediato paro del sindicato para el próximo jueves.

Mientras tanto, los transportistas representados por Fadeeac, emitieron un comunicado diferenciándose también de los autoconvocados, por la forma de la protesta, aunque no así por su contenido. La entidad, juega un papel de gran relevancia en el conflicto, por cuanto por un lado también necesita una reducción de costos, pero por otro, ante los sindicatos, quiere apegarse a un contenido aumento de salarios. En este punto, las diferencias son grandes y habrá que ver hasta dónde están dispuestos a resignar ambos sectores.

El papel del gobierno

Como mediador, pero también responsable de las políticas que nos rigen, el gobierno lleva adelante buenas y malas. Por un lado, aspira a reducir los costos logísticos y para ello, aumenta las capacidades de carga y aprueba el uso de los bitrenes. Bienvenidos, más tecnología, más seguridad y más capacidad de transporte. Al mismo tiempo, trabaja en la mejora de la deteriorada infraestructura vial, lo cual también redundará en una notable mejora para el sector y toda la comunidad.

Sin embargo, parece olvidarse de costos básicos (combustible y peajes), que hacen mella en la rentabilidad de los transportistas y en la canasta familiar de todos los trabajadores, sin excepciones.

Aunque parezca menos importante, también contribuiría a reducir costos y ofrecer mejores condiciones de trabajo que, tanto dadores como receptores de cargas, no utilicen a los camiones como silos o depósito rodantes. También, sería beneficioso que ofrecieran condiciones adecuadas de trabajo, como espacios seguros de estacionamiento y sanitarios higiénicos, los cuales también hacen a la dignidad de los trabajadores.

Transportistas, sindicatos y gobierno

 

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