Varados en estas particulares fechas, marcadas por la pandemia inicial y ahora una nueva cepa que tal como dicen la autoridades, acelera la contagiosidad a una velocidad 70% superior a su antecesora. Las imágenes impresionan en Europa y en Argentinan pero, además, duelen cuando los grandes perjudicados son los camioneros.

En el puerto de Dover, del Reino Unido, o en nuestra más cercana Clorinda (provincia de Formosa), el perjuicio para los conductores profesionales es similar, aunque, es honesto decir que nuestra organización para estos hechos eventuales es bien diferente a lo que puede verse en Europa.

Las imágenes de los camiones varados son crudas, miles de camioneros están varados en las rutas, en el mismo puerto y en el aeropuerto Manston, donde buena parte de esos camiones y sus conductores fueron derivados ante la vigente una prohibición parcial de los viajes.

El punto más crítico es el cruce del Canal de la Mancha, que separa al Reino Unido de Francia, por cuanto este último país prohibió el paso tras el descubrimiento de una nueva cepa más infecciosa de COVID-19 que se difundió en Londres y el sureste de Inglaterra.

Aunque las restricciones se suavizaron, cuando París y Londres acordaron que los conductores con un resultado negativo en la prueba COVID-19 podrían abordar los transbordadores hacia Calais (Francia).

Clavada en el cruce entre el Reino Unido y Francia

Para ello, Francia exige un test negativo contra el coronavirus, sea PCR o de antígenos sensibles a la nueva cepa detectada en territorio británico. La medida permitirá utilizar la mayor frontera europea del Reino Unido a ciudadanos franceses o residentes en Francia, personas en tránsito y a transportistas.

Sin embargo, en el puerto de Dover, durante siglos, una de las principales arterias del comercio con el resto de Europa, había pocas señales de que se estuvieran realizando pruebas.

El plan es que los conductores vuelvan a ponerse en viaje tras realizarse los testeos rápidos, pero las demoras causaron malhumor y tensión entre los trasportistas varados, que esperan regresar a sus casas antes de Navidad.

Por estos pagos

Mientras tanto, en Clorinda (Formosa), ya se cumple una semana del corte de los accesos a Clorinda por las rutas 11 y 86, en demanda del levantamiento del bloqueo sanitario que pesa sobre la segunda ciudad desde hace más de 110 días.

A entender del Consejo de Atención Integral de la Emergencia COVID-19 que su ubicación geográfica y el relacionamiento con Paraguay la torna “sensible” al riesgo del coronavirus por la posibilidad de una circulación comunitaria del virus.

Centenares de camioneros varados en Clorinda

Kilómetros de filas de camiones convergen en el punto de ambos cortes, sometidos a la voluntad de los manifestantes que en ningún momento y durante todos estos días tuvieron un esquema para levantar de manera administrada la restricción de los pasos.

Así las cosas, los transportistas y los habitantes de Clorinda son rehenes de esta indeseable situación. Los cortes en las rutas generaron alta tensión por la acumulación camiones y vehículos de todo porte en las banquinas, hacia ambos lados de los puntos de piquete sin tener acceso a sanitarios, sin agua, poca posibilidad de acceso a alimentos y bajo amenazas de estar expuestos a los mosquitos y al terrible calor de las primeras jornadas.

Es inhumano el trato dado a los trabajadores del volante, generado por 40/50 personas que someten en este caso a un corredor vial internacional y a toda Clorinda, y así, prohibir el derecho a la libre circulación.

De un modo u otro, de este y del otro lado del océano Atlántico, los perjudicados son los obreros del transporte, trabajadores esenciales que, si bien comprenden el problema sanitario, exigen y merecen el trato adecuado y respetuoso que los gobiernos y la sociedad le deben como a cualquier otro ciudadano.

La clavada en la ciudad de Clorinda, un perjuicio en un paso fronterizo

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